¡Nĭ Hăo China!

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Desde hace mucho teníamos ganas de ir a China, pero siempre terminábamos descartándolo como destino porque con dos niñas pequeñas, nos dio por pensar que no sería demasiado fácil conocer un país con una cultura tan diferente a la nuestra. Nada más lejos de la realidad.

Uno de esos días en los que empiezas a pensar cuál será el siguiente destino, decidimos que acabaríamos el año disfrutando de ese viaje con el que muchas veces habíamos soñado. Así que nos vestimos de Trotarincones y empezamos a planificar nuestro encuentro con el gigante asiático.

Para empezar, teníamos poco más de 15 días, lo cual no nos daba demasiado margen para incluir muchas ciudades porque China es muy grande. Así que escogimos tres de las principales ciudades:

  1. Beijing, porque queríamos conocer la Gran Muralla, el Templo del Cielo y la plaza de Tian An Men.
  2. Xi’an, porque deseábamos ver personalmente a los Guerreros de Terracota.
  3. Shanghai porque ¿a quién no se le han puesto largos los dientes viendo postales del Skyline del Bund desde el Pudong?

Cuando comentas que viajarás a China con niños pequeños, la gente empieza a pensar que eres valiente. Pero si además les dices que no irás en un tour comercial sino que irás por libre para poder ir a un ritmo más cómodo para las peques, entonces empiezan a verte como loco.

Pues así de locos, organizamos nuestro itinerario con las actividades que incluiríamos, teniendo en cuenta principalmente las que brindaran mayor entretenimiento para las niñas… Con casi todo listo, sólo esperábamos que tres cosas nos ayudaran:

  1. IDIOMA: poder comunicarnos eficientemente (en inglés, por lo menos, porque en español sabíamos que sería prácticamente imposible si no vas en un tour comercial).
  2. COMIDA: poder conseguir lugares adecuados para comer (sobre todo por las niñas).
  3. TRASLADO: poder comprar los billetes de tren y quedar en la misma cabina los 4 sin morir en el intento.

Emprendimos nuestra aventura y dijimos ¡Nĭ Hăo China! Debo decir que nada más llegar, la ciudad de Beijing nos sorprendió positivamente y, apartando el frío que pela, supimos que disfrutaríamos el viaje de la manera que sabemos hacerlo: descubriendo sus rincones, su gente, su gastronomía y su estilo de vida, a nuestro aire y con todos los sentidos al máximo…

Beijing.

Entonces, con el IDIOMA no tuvimos mayor inconveniente. La verdad es que muy poca gente en China habla inglés, pero también es cierto que si el idioma pone una barrera, las señas y los dibujos pueden ser tu herramienta para convertirse en el “idioma universal”.

La COMIDA fue un tema que fuimos dominando a medida que pasaban los días y ganábamos experiencia. Aunque al principio tratábamos de entrar en restaurantes más turísticos, donde la carta viniera con fotos o en inglés (tanto en Beijing como en Shanghai podías conseguir lugares donde comer que tuvieran la foto de los platos, pero en Xi’an fue una tarea más difícil), después de llevarnos un par de sorpresas (que resultaron agradables, aunque no sabíamos exactamente lo que estábamos comiendo), decidimos disfrutar de la gastronomía china sin complicaciones ¡Y nos fue genial! Si quieres saber más, visita ¿Qué comer en un viaje a China?

La verdadera comida china.

Y con el tema del TRASLADO entre ciudades, no saber comprar los billetes correctos, no elegir el tipo de asiento/cama (butaca, cama dura, cama blanda…) o quedar separados y tener que dormir en una misma habitación con personas desconocidas, era lo que más temor nos daba. Pero no fue complicado y los trenes no tienen nada que envidiar al AVE de España. Son limpios, veloces y cómodos. Estábamos tan cansados  en el trayecto de Xi’An a Shanghai que caímos como troncos y cuando nos dimos cuenta ya estábamos llegando (y eso que son 10 horas de recorrido). ¡Un 10 para el viaje en tren! Te cuento más detalles en Viajar en Tren en China: 6 tips para moverte por tu cuenta.